Kaliman y el secreto del fuego - Solín tiene una aventura
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Solin tiene una aventura

Solín camino por calles estrechas y torcidas, sin embargo la gente callaba al ver sus ropas orientales. Pero pronto se tranquilizaron al ver que solo era un niño.

Encontró unos niños jugando y pronto se unió a sus juegos. Uno de los niños, que dijo llamarse Heraclio, lo empezó a interrogar sobre de donde venia con todo un aire de profesional. El niño era hijo de un guardia, y quería ser catafracto al crecer, y pronto se pusieron discutir sobre las armas. Heraclio hablaba orgulloso de las pesadas espadas y armaduras, mientras que Solín prefería la velocidad y ligereza. Pronto Solín le enseño a Heraclio su vieja honda. Consiguieron algunas piedras redondas y pronto tuvo un publico infantil al cual demostrar su puntería.

Repentinamente oyeron unos gritos saliendo de entre uno de los callejones. Solín y los niños corrieron a ver llenos de curiosidad y vieron a un lujoso palanquín. Sus portadores habían huido y los soldados de la guardia estaban siendo sometidos por una horda de gente en harapos. Uno de ellos había metido en el palanquín y forcejeaba tratando de sacar a alguien, por los gritos y exclamaciones de ira, parecia ser una mujer.

El hombre repentinamente grito al sentir el impacto de una piedra en su brazo. Volteo apenas a ver a Solín que estaba lanzando rápidamente varias piedras a los atacantes. Tres cayeron fuera de combate, y el hombre ordeno algo en un idioma desconocido, y dos de los harapientos, corrieron detrás de Solín, quien se escabullo rápidamente.

Solín vio una fachada profusamente adornada y trepo por ella. Arriba se puso a insultar alegremente a los hombres que eran demasiado pesados para trepar. Estos levantaban sus puños amenazantes y por eso, Solín pudo observar que debajo de aquellos harapos, había ropas de seda, con emblemas en verde y uno de ellos portaba un elaborado anillo que donde centellaba un rubí.

Entonces el que parecía el jefe grito, se acercaba una tropa de guardias y pronto huyeron, cargando a sus heridos.

Pronto estuvieron rodeados de soldados, y uno se acerco a la fachada apuntando aSolín con una gran lanza, mientras otro se acercaba al palanquín.

Entonces una voz femenina, joven e imperiosa, de una persona acostumbrada a mandar, dijo:

-Alto soldado, que venga ese niño aquí.

Solín bajo lentamente de la fachada, mirando con desconfianza a los soldados pero intrigado por la voz.

-Señora, exclamo el jefe de la guardia, parece un extranjero, y no debe ser siquiera cristiano, no es digno de acercársele.

-Silencio, este niño ha resultado ser mas útil que vuestra guardia. Deja que se acerque debe ser recompensado.

Solín no pudo menos que estremecerse ante el desprecio que dejo traslucir la voz. No es alguien que le gustaría tener de enemigo. sin embargo, no pudo ver el rostro del interior del palanquín, oculto tras elaborados encajes.

-Cual es tu nombre?

-Me llamo Solín, señora, soy un viajero y acompaño a mi sabio señor, Kalimán, en busca de sabiduría en su gran biblioteca.

-No pareces ser compañero de viejo monje. ¿Eres árabe?, tu ropa es extraña.

-No, señora soy egipcio, pero mi señor viene de muy lejos, mas allá de la India.


-¿Egipto?, entonces por nacimiento eres bizantino, a pesar de que se hayan separado del imperio. ¿ Y tu amo es de la india?, debe ser un viejo asceta. Toma (y una blanca y delicada mano, salió de entre las gasas que ocultaban el interior el palanquín, entregándole un anillo), los espero mañana en palacio.

Ante una orden de su jefe, los guardias tomaron el lugar de los porteadores, no sin cierto disgusto pues no era su oficio, pero ninguno se atrevió a protestar. La voz les parecia inspirar demasiado temor y respeto para objetar.

Antes de que desaparecieran, Solín alcanzo a decir...

¿Y por quien debo preguntar?

El jefe de guardias se volteo un tanto sorprendido, y le dijo ironico..

- ¿De verdad no lo sabes? debes venir de muy lejos, mañana lo averiguaras, solo enseña el anillo.

Los guardias se alejaron, y Solín examino el anillo. Este era un sello, con una figura tallada en el rubi y se estremeció al verlo, era muy semejante al que había visto en la mano de uno de los atacantes.

De pronto, un ruido en su estomago le recordó algo a Solín... Tenia hambre, los juegos y la aventura lo habían hecho olvidar, pero ahora necesitaba algo de comer. Se despidio de Heraclio, que ahora lo veia como un heroe y parecia muy agitado por decirle algo, pero al mismo tiempo reflejaba algo de temor, sobre todo al ver el anillo. Sin preguntar mas, Solin se dirigió directamente a la posada a buscar a Lucio.

Lo encontró sentado tristemente frente a una botella de vino. Pero casi se estrella contra el bajo techo de la posada cuando vio el paquete que el entrego Solín. Prácticamente repitió el mismo espectáculo que Leoncio con los lentes, corriendo y abrazando a todos los presentes. Al parecer en el fondo el rubicundo romano y el barbudo bizantino no eran tan distintos.

Solín le explico que Leoncio se lo había enviado y al principio se negó a creerlo, hasta que vio una nota, era de Leoncio y lo invitaba a entrar en la biblioteca. Al parecer ahora que ya podía ver sus libros estaba dispuesto a compartidos con otros sabios.

Solín aprovecho para contarle a Leoncio su aventura. Le enseño el anillo y Leoncio palideció.

-Un sello del imperio, solo unos cuantos de la familia imperial puede poseerlo. Te has metido en una extraña aventura. Debes tener mucho cuidado, y debes recordar algo, ningún emperador bizantino en los dos últimos siglos ha muerto por causas naturales. Pero volviendo a ustedes, esta posada no les conviene es demasiado concurrida y pronto se correra la voz de tu aventura y de la de tu señor, pero ve a la calle de la Rosa, cerca de la puerta oeste, ahí envíale mis saludos a Sofía, ella los recibirá.

El monje hizo un guiño que no tenían nada de "monjeril". Solín se despidió y fue directamente a la biblioteca, a encontrar a Kalimán. A pesar de las horas que habían pasado, Leoncio aun seguía entusiasmado enseñando sus tesoros, pero no desdeño el paquete que Lucio les había enviado, contenía pan, queso y vino. Uno de los mejores vinos de Roma.

Solín no dudo que en esos dos pronto se harían amigos. Kalimán se despidió y solo la promesa de que volvería tranquilizo a Leoncio, quien probablemente en su amargura se había distanciado de la gente y ahora extrañaba la compañía de alguien que compartía su lenguaje.

Partieron a la dirección que les diera Lucio y Solín aprovecho para repetir su aventura.

Kalimán estuvo de acuerdo, era un sello imperial, asi que parecia una buena ocasion para poder visitar el palacio imperial, antes de volver a la biblioteca.

Ya menos emocionado por su aventura, Solin recordó la razon por la que estaban ahi:

-Encontraste algo sobre Calinico?.

-No hay nadie de ese nombre, pero eso no es raro, los alquimistas casi nunca usan sus nombres verdaderos, a veces su fama les puede traer resultados no deseado y aun tengo que separar mucha fantasía de la realidad. Esta noche debo analizar toda la información que reuní, y tal ves mañana pueda hacer una búsqueda mas sistemática. Las pistan apuntan a Alejandría o a Persia, aun no lo puedo confirmar

 

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